lunes, 18 de febrero de 2008

El traje de Rafa


“¿Cómo está tu novio?” me pregunta la guasona de María Cap cada vez que me ve. Afortunadamente no nací mujer, porque en ese supuesto Rafa sería el candidato ideal para ejercer de fuente de desvelos. Y no porque Rafa no sea un caballero, que lo es, o porque no merezca las atenciones de una dama, que las merece. Sino porque Rafa es un gran coleccionista de secretos. Una pareja incompatible para un adicto a la sinceridad extrema como yo.

A pesar de este desencuentro hipotético, no pretendo renunciar al puesto de presidente de su club de fans, título que en alguna ocasión me han otorgado. Méritos para haberse ganado esta “devoción” condicional no le faltan. Ha sido maestro dentro y fuera de las aulas, jugador de ajedrez dentro y fuera del tablero, ingeniero por sus cojones, mi gemelo en circunstancias por una temporada y epicentro de encrucijadas sentimentales. ¿Deméritos? Se los reservo para escupirselos a la cara con ironía y con un par de copas delante y dentro de nosotros, en una de esas noches en las que me puedo tirar hablando horas sin parar con él.

A Rafa le he adivinado romperse un par de veces y le he visto recomponerse otras tantas. En la última de ellas se inventó un lema: “El mejor remedio para no padecer de ex-novias es no tener más novias”. Pobre infeliz, marcarse una regla universal es el camino más directo para estrellarse contra la excepción que la confirma. A ver si el trayecto le sirve al menos de acicate para escribir, que sus faltas de ortografía se extrañan en las letras de los Bluefreins.

Así que mientras este Cary Grant con chandal de la UCLM, gestor del oligopolio de mis confesiones a medias con mi hermano, arrastra sus caprichos de hijo único, su “r” y su cultura del encanto por el mundo; yo voy cocinando a fuego lento una pregunta, una excusa cualquiera para tomarme una copa en el Cicelly, un día de Abril que paremos los dos por Ciudad Real.

Un beso, amigo Rafa, amigo.

Aunque tú no lo sepas

En la época en la que mi hermano Paris y yo vivíamos solos en Ciudad Real, éramos aproximadamente fieles a dos citas en la tele: Que grande es el cine y Versión Española. Una de esas noches descubrimos una película protagonizada por Silvia Munt y Gary Piquer titulada Aunque tú no lo sepas y basada en un libro de relatos de Almudena Grandes. El libro: Modelos de mujer. El relato inspirador: El vocabulario de los balcones. (confieso que no he llegado a leerlo).

La película relata el reencuentro de dos personas adultas que compartieron una “historia” en su adolescencia. No me acuerdo de todos los detalles, pero el motor de la película es el hecho de que vivan en la misma calle, balcón frente a balcón. Mucha mirada y flashbacks para desvelar la “historia” compartida.

Tampoco recuerdo si formaba parte de esta película o es una simple coincidencia, pero también por dicha época se coló en mi medioteca emocional la canción igualmente titulada Aunque tú no lo sepas dada a conocer por Enrique Urquijo, pero compuesta originalmente e interpretada posteriormente por Quique González. Dos de las personas que seguramente han hecho más por la tristeza en este país.

La canción esta inspirada en un poema homónimo del escritor Luis García Montero. A su vez y para colmo de préstamos dentro de esta evocación, la película se iniciaba con un texto en pantalla, una dedicatoria de este poeta granadino que aparecía en el relato de Almudena Grandes. El texto, causante y cierre de esta evocación, me sugiere amores idiotas de un sólo sentido y esperas tan eternas como infructuosas.

De la canción, varias frases, aunque para terminar hoy escogeré: “...aunque tu no lo entiendas, nunca escribo el remite en el sobre, por no dejar mis huellas...”, ya que los que observamos a escondidas desde el balcón, nunca dejamos pistas de nuestra secreta admiración.

“Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.”

Dedicatoria-Luis García Montero


Poema (al final de esta página): http://www.geocities.com/versoados/webpoemas/lgarciamontero.htm

viernes, 15 de febrero de 2008

El traje de Leticia


Cuentan que en una época pasada, tal vez en una vida anterior, algún bicho contagió a Leticia con el virus de la música. Este virus se ensañó de una forma especialmente cruel con nuestra amiga, pues si bien la dotó de un variado gusto musical, de un privilegiado talento para descargarse archivos MP3 y de unos resistentes oídos para escuchar el iPod a todo volumen, la volvió incapaz de entonar adecuadamente todas esas canciones que la seducían.

Leticia comenzó entonces la búsqueda de algún remedio que dotara su voz de un tono angelical y con ese objetivo vagó sin rumbo por la vida hasta que un hechicero le enseñó una fórmula a base de Johnny Walker con Coca-cola y aunque la pócima no mejoraba sus aptitudes cantarinas, en función de la dosis conseguía hacerle olvidar sus carencias, pudiendo así gritar sin reparos las letras de las canciones.

Tiempo después coincidí con Leticia en una filosófica cena de la que quizá algún día hablemos en detalle, el caso es que en verdad conocer, lo que se dice conocer a la LaLeti, me atrevo a decir que fue en otra noche, una de esas en la que había recurrido reiteradamente a la pócima del hechicero. El uso de la pócima no le había hecho tan sólo perder el pudor a cantar, sino que le confirió un carácter más dulce de lo que acostumbra e incluso se atrevió a practicar algún malabarismo de los que mi condición de caballero me impide hablar (no piensen mal queridos lectores).

Pude entonces comprobar su afición a la polémica y su capacidad para el chantaje sentimental (¡jo, cuanto hace que no como níscalos!) de los que algunos desventurados han sido víctimas. Y quedé tan prendado de su gracia, su estilismo y de sus armas de mujer, que invité a LaLeti a que nos hiciera una demostración de su talento malabar-calamar con una botella de Coca-Cola el día de mi cumpleaños.

Desde aquel día Leticia es conocida por el original y terrorífico sobrenombre de “La de la Coca-Cola” y pasea su ágil esqueleto de concierto en concierto; a ser posible de grupos que compongan canciones con tres acordes o menos y que contengan guitarreos repetitivos y estridentes, exorcizando sus fantasmas a base de saltos, gritos y agitaciones convulsivas de la cabeza.

Curiosamente a alguno de esos conciertos me sugiere ir. ¿Pretenderá contagiarme con el virus de la música?

miércoles, 6 de febrero de 2008

Secciones

Expongo aquí el boceto de este blog cuyas entradas formaran parte de alguno de estos grupos.

La sastrería del manco invidente: Bienintencionados o no, un sastre tan limitado se equivocará con estos "trajes" confeccionados a medida. Si estás entre los damnificados, perdona a este osado.

Reflexiones desde la resaca: He descubierto que las resacas son mecenas de mis pensamientos más profundos. Si buscais algún gramo de seriedad, es probable que se haya colado en este saco.

Historias que nunca ocurrieron: Historias fruto de mi imaginación. Ejercicios de diversión narrativa. Seguramente la sección menos fructífera de todas.

Evocaciones multimedia: Ideas inspiradas en frases de libros, canciones, películas, etc.

Universo Sim: La realidad más surrealista que habita en mi cabeza tiene apellido Sim por parte de madre. Será éste universo el punto de reunión de todos los absurdos que me ayudan a escapar de este mundo aburrido.

Noticias miserables: Informaciones, aclaraciones, novedades relacionadas con el Blog.

El principio

Como todo principio breve, temeroso y esperanzador