domingo, 29 de junio de 2008

El cantante

Durante una temporada fue costumbre en mi casa que mi padre cocinara los Domingos. De todos los elementos de su metódico estilo de “cocinillas” destacaba el ingrediente musical ya que, cuando la comida estaba a punto para servirse, en la radio comenzaba a sonar “La hora del sabor y del ritmo” con Seju Monzón (el hermano del Gran Wyoming para empezar con el desfile de conexiones de hoy). Sólo daba tiempo a escuchar un par de canciones en el lapso durante el que preparábamos la mesa, pero el proceso resultaba bastante simpático (me abstengo de opinar sobre las aptitudes para el baile de mi familia). Así que cada vez que suena una canción con cadencia salsera, me acuerdo irremediablemente de la antigua tradición familiar.

A la salsera canción de hoy llegué, como siempre, de rebote. En realidad buscaba en Youtube la canción de Juana Peña de Mártires del Compás y me encontré con Héctor Lavoe agitando unas maracas cantando “…ella era mujer que a muchos hombres había engañado…”, comprobando que la de los Mártires era simplemente una versión aflamencada. Movido por la curiosidad, vi más videos y me interesé por la biografía de mi sufrido tocayo; mito de la salsa con ese incomprendido punto atormentado que tanto seduce, intento de suicidio incluido.

Descubrí así que otra figura de la salsa, Rubén Blades (inolvidable Pedro Navaja), le había escrito la letra de “El cantante”, inspirado en el propio Héctor Lavoe. De nuevo más casualidades, por mi casa deambula el disco de Andrés Calamaro con el mismo título y donde versiona la canción.

Cuando la escucho, recuerdo esos momentos en que me transformo en el cantante, hago mías las letras que suenan en los bares y lanzo los mensajes que esconden mirando a los ojos, con todo el peligro que eso conlleva. Tengan cuidado si un día lo intentan, terminada la canción el disfraz se evapora y uno se queda desnudo, y al fin y al cabo, el riesgo no siempre tiene recompensa.

“…y nadie pregunta
Si sufro si lloro
Si tengo una pena
Que hiere muy hondo

Yo soy el cantante
Porque lo mío es cantar
Y el público paga
Para poderme escuchar….

Si no me quieren en vida
Cuando muera no me lloren…”


Letra de la canción: http://www.musica.com/letras.asp?letra=813566

jueves, 19 de junio de 2008

Montpelliadas (I)

Bueno, mientras la lavadora se ocupa de garantizar mi higiene para los futuros días vamos a darle un poquito de caña al Universo Sim, que así el tiempo pasa más deprisa (ver El tiempo).

Montpellier: noble villa del departamento de Hérault, dentro de la región de Occitania (que viene a ser como la Cataluña II de la Francia, con su propia lengua y todo) y conocida como la capital homosexual de Francia.

Por supuesto, a pesar de pertenecer a la exquisita y elegante civilización vecina, esta ciudad al igual que todas tiene su dosis de surrealismo. Analicemos este precioso cartel:

Lo que viene a escandalizar a este "chien" es que se producen 80 kg de deposiciones en un año en las aceras de Montpellier. Me imagino cómo habrán sacado el dato: se juntan dos funcionarios en L'Hotel de Ville (diálogo estereotipado por supuesto).

-Bonjour

-Bonjour

-Hoy he pisado una mierda.

-A mi médico le pasó lo mismo ayer.

-Hay que buscar una solución.

-Tout à fait. Pero antes habrá que reunir datos, estudiarlos detenidamente y definir un plan de acción a largo plazo.

-De acuerdo, vamos a designar a una persona para que se ocupe de contar y pesar todas las mierdas depositadas en las aceras de Montpellier. Eso sí, sólo las de origen canino, por supuesto.

-Bien sur. Habrá que dotarle a este señor de material de trabajo, por lo de los derechos sociales. Imaginate que nos monta una huelga con el lema "Por la dignidad en el trabajo de los contadores de cagadas de perro", que mala publicidad. ¿Le compramos unos guantes de goma así bueno o una caja de guantes de latex desechables?

-Mira mejor que pese el stagiaire una caca de su perro a ver que le sale y lo mandamos a la calle a contar cuantas ve hoy, lo multiplicamos por 365 y ponemos unos carteles y tal. Y de paso que le eche una foto a su perro que es muy gracioso y lo mismo queda bien en el cartel. Hala, bonne journée, y vete por la sombra que hoy hace calor.

-Lo mismo te digo, bonne journée.

Y salieron 79,8 kilos que redondearon a 80. El caso es que en la calle del Monoprix (que viene a ser como el Simago) se ve mucho SDF (sans domicile fixe) con perro, yo insisto en llamarlos "Les chien-flutes" (Los perro-flautas), pero los lugareños no me pillan el chiste. Supongo que su presencia está directamente relacionada con el dato anterior.

Por otro lado, aquí cerca en Nîmes, está el anfiteatro romano, donde hacen las famosas corridas de toros. No sé si será por la pasión por la fiesta en esta zona de Francia o simplemente por los dichosos estereotipos, pero cerca del cartel del perro me encontré este otro:


Un torero anunciando una bebida energética de guarana. El tío parece el Cordobés ya entradito en años enfundado en su traje. ¿Traje? ¿Ropa? Lavadora. Debe haber terminado. À la prochaine.

jueves, 12 de junio de 2008

La culpa

Fue Primigenio García, el que me invitó a reflexionar en su momento, y por supuesto con una copa en la mano, sobre el “sentimiento de culpa judeo-cristiano” que nos han inculcado (no me castiguen por el término, lo reproduzco textualmente). Aquel día, con el alcohol empapándonos por dentro y el sudor por fuera, salieron a la luz, en nuestra conversación, todas esas cargas en teoría impuestas por la vida o la sociedad pero realmente aceptadas por nosotros como tales.

La familia, los amigos, la pareja, el trabajo, el amor, el sexo,... en todas estas relaciones nos han enseñado a obedecer unas normas de conducta, a seguir la “educación” que hemos recibido de diferentes fuentes. Marcados por el papel que se supone que debemos seguir en cada caso, nos asalta el sentimiento de culpa cuando movidos por nuestros propios impulsos, sentimientos o intereses, tomamos decisiones que nos arrastran fuera de estos límites. La evaluación de lo que hemos hecho comparado con lo que se debería haber hecho, nos provoca remordimientos y nos cuelga de nuevo un rol: el del culpable, que lleva asociado la aparición de una o varias víctimas. El siguiente paso: aceptar el sufrimiento como justo castigo por el pecado cometido.Lo curioso es que, cuando dejamos pasar el tiempo y tomamos una nueva perspectiva de la situación que tanta culpa nos ha generado, nos damos cuenta (sea por madurez, sea por la desaparición de influencias externas), que nuestros “pecados” no nos han convertido en demonios y que nuestras “víctimas” no viven en un estado de constante martirio, ni son tan inocentes como las pintamos (personalmente detesto a las personas victimistas que se benefician de este juego de culpabilidades pero supongo que eso ya es otro debate).

En mi vida he tomado distintas decisiones, cada cual en su momento y en su contexto; unas más o menos acertadas, otras más o menos difíciles. Tal vez de alguna pueda decir que me arrepienta, me cuesta traerla a la cabeza. Casi todas en las que el fantasma de la culpa ha querido aparecer eran compartidas, en mayor o menor medida, de forma más o menos directa, con otras personas. Comencé siempre en dichas ocasiones con la aprehendida paja mental para acabar después con la misma conclusión: soy responsable de mis decisiones y consecuente con lo que se derive de ellas. No soy culpable ni los busco. El día que mi herencia cultural se esfuerce nuevamente en no dejarme dormir, el remedio lo tengo claro: una resaca para poner las neuronas en orden.

“…soy un hombre feliz y quiero que me perdonen, por este día los muertos de mi felicidad…” Silvio Rodríguez

lunes, 9 de junio de 2008

Persecución

A menudo me asalta la sensación de que ciertas canciones, detalles y vivencias me persiguen.

Esta psicosis comencé a vivirla con preocupación con Glenn Medeiros. Desde que acudí al concierto de The Largo (un grupo nada original comparado con los Bluefreins), donde salió a relucir su más famosa canción en boca del bajista de un reconocido grupo de heavy español llamado Centinela, el “Nada cambiará, mi amor por ti…” me persiguió durante semanas. Comprándome unos zapatos en el Factory de San Sebastián de los Reyes o en el Corte Inglés de San Chinarro pagando un regalo de boda, trámites previos al enlace de Carolina (ver Sucedió en Graná), el hilo musical ofreció en inglés y en forma instrumental el dichoso tema.

El relevo lo tomó el Chiki-chiki y lo heredó el pasado Viernes, Emir Kusturica and the No Smoking Orchestra. Música trompetera, “gitana” del Este, o como diría el Perilla, “Hungarian way of life”. El concierto: simpático a pesar de las precipitaciones. Con el soniquete en las orejas, aterricé el Sabado en Montpellier y acudí a la cita de la fiesta de mi “curso”, en la puerta de la academia. El punto de encuentro junto a un cine donde proyectaban:


Muy apropiada película en el comienzo de un evento futbolístico como la Eurocopa (¡ay!, proyecto frustrado). Al final ni fiesta ni leches, paseo turístico y visita a un festival de música trompetera: todas las bandas consistían en un batería y un porrón de tíos disfrazados tocando instrumentos de viento (saxofón, clarinete, trompetas, trombones, etc). Muy gracioso. Pero una nueva amenaza apareció en uno de los escenarios cuando comenzó a sonar……”El baile de los pajaritos”. Un espectador tuvo la decencia de aclararme que en francés era “La dance des canards” y que existen versiones en varios países. Habrá que enterarse de cual es la original.

¿Último perseguidor? La Chimay Bleue que me estoy tomando mientras Nadal aplasta a Federer en la final de Roland Garros. Cerveza que descubrí en Liège y de la que no consigo desprenderme desde entonces.


“Pajaritos por aquí, pajaritos por allá…”

jueves, 5 de junio de 2008

El tiempo

A los tipos de ciencias como yo, nos enseñaron que el tiempo es una flecha señalando al futuro con una "t" al final. Una variable que avanza de forma inexorable hacia delante en paquetes cuantificables y uniformes llamados milésimas, segundos, minutos, horas, años, etc. La abcisa que dirige las más o menos ordenadas posiciones y velocidades que dibujan nuestra trayectoria en la vida.

Puedo asumir, de esta definición, que el tiempo sólo tenga un sentido de empuje del que no podemos escapar; por mucho que nos guste vivir pensando que todo sigue igual, que nada cambia, la realidad nos ofrece, cotidianamente, un testimonio de algo que ya no es como era antes: la barriga, el cansancio, las ojeras, la falta de números a los que llamar, etc. Pero, lo que no estoy dispuesto a admitir, es que el tiempo se me presente como una inyección de tamaño infinito con un émbolo gigante que me administra dosis proporcionales.

Para mí el tiempo es un parámetro emocional, materia voluble que se estira y se encoge, como un chicle, en función del estado de ánimo. Dicha maleabilidad permite alargar el segundo en que tarda en llegar una respuesta hasta convertirse en una eternidad o reducir dos semanas de vacaciones hasta alcanzar el tamaño de un insignificante instante.

El tiempo es tan inestable que, combinado con otros elementos, no solo cambia sus dimensiones, sino además sus propiedades. De esta forma, la espera transforma una semana en un infierno; la pasión, un fin de semana en una maratón; el desamor, una relación de “x” años en una anécdota; los malos hábitos, la vida en dos telediarios; el aburrimiento, una hora de clase en una condena y la promesa de algo querido, un día de viaje en un precio asequible.

La cuestión es, que esta característica emocional convierte el tiempo en un término individual y subjetivo, de forma que cada uno avanza por el espacio a su propio e inconstante ritmo, trazando curvas que se encuentran y se separan con otras, como si la realidad fuera una maraña de raíles de montañas rusas en los que a veces los vagones hasta coinciden en algún punto. A mí este vaivén, plagado de parones y acelerones según el pie con el que uno se levante, me trae aún tan despistado, que ciertos Miércoles me los cambian por Sábados, los Jueves terminan siendo Domingos de cama y resaca y hasta algunos Viernes acabo estando de Lunes.

¿Y aún os extraña que sea impuntual? Bastante tengo con recordar en que día vivo.

lunes, 2 de junio de 2008

Palabras mudas

Se hace saber…

…que el pasado 15 de Mayo, festividad de San Isidro en la localidad de Madrid, tuve un afortunado encuentro con esa actriz sin par anteriormente conocida como Cristinita y a la que absurdamente su DNI y algún que otro documento bancario denominan Cristina Soria.

Pues bien, esta diosa de la interpretación me comunicó que forma parte del reparto de una serie que se emitirá en la página web: http://www.palabrasmudas.com/ a partir de Septiembre. La web actualmente se puede visitar para ver un vídeo del rodaje de "…la primera serie indie española, al margén de la industria de ficción televisiva", cómo se autodefine. Está dirigida y producida por el artista anteriormente conocido como David Navarro y actualmente conocido como “cariño” en su domicilio “conyugal”.

No pienso perdérmela. Dejaré un link en la barra de la derecha para que no se me olvide, ni a mí ni a ninguno de los numerosísimos visitantes de este blog.