¡Que gran invento era el cassette! Ese objeto plástico (o de Fe-Cr como cantaba Kiko Veneno) que nos servía para copiar hasta el infinito algún remoto original que poseía el familiar con pasta del amigo de un vecino de un colega. Entre el ruido y la estática tratabamos de adivinar las letras de las canciones, que si encima eran en otro idioma, desarrollaban nuestra creatividad fonética hasta límites insospechados (el famoso inglés “inventao” del que hablaban los Chanclas).Pero indudablemente el más difícil todavía era escuchar una cinta en el radiocassette del coche. Siempre preocupados por no poner una original no fuera a ser que enganchara. Siempre un boli BIC para rebobinar la cinta y no cargarte el radiocassette. O el inolvidable sonido de la radio que inundaba el habitáculo de pasajeros (deformación profesional) cuando la cinta llegaba a su final.
Cuando lo "heredé", el Ford Orion 1.6i Ghia de mi progenitor tenía unos hambrientos faldones-spoilers que sin masticar se tragaban los bordillos al aparcar. Una manivela a modo de organillo para abrir el techo solar. Un volante de competición con bocina en el centro instalada por el gentil propietario que dejó olvidado en su interior una TDK de 60’ con No me pises que llevo chanclas por la cara A y El Norte por la cara B. Un asiento trasero con menos historias que contar que él del coche de la dispuesta amiga de Quique González. Un palo de fregona para sujetar el maletero que se caía y un radiocassette sensiblón que cada vez que sentía un bache, escondía el sonido de uno de sus altavoces, siendo preciso invitarle a dejar de lado su timidez con un pequeño empujoncito.
Muchas fueron las sufridas cintas que experimentaban la intermitente mutilación de la música y de todas ellas hay una víctima que recuerdo con cariño sin ningún motivo especial: el Only You de The Platters. Una canción que se aleja del objetivo original de esta evocación y que sin embargo, va a permitir que el post de hoy se convierta en la introducción de una breve saga con un transporte sin dirección asistida como nexo de unión, sólo él me podía servir.
P.D.: Lo lamento él de la foto es un sucedáneo, otra copia como los cassettes.



