4. La muerte de la primavera
Permaneció inmóvil en la misma posición que había mantenido durante toda la conversación con Eva. Miró por el ventanal del salón, el jardín carecía de alegría sin la luz de sol. Todo lo que contenía se encontraba contagiado de la misma tristeza: la mesa, las sillas y las hamacas que Eva había comprado para pasar la sobremesa fuera, cuando hacía buen tiempo. Cuando eran buenos tiempos. Cayó entonces en la cuenta de que su móvil seguía apagado. Volvió a la mesa del salón y lo encendió. Un nuevo mensaje apareció: 1 LLAMADA PERDIDA DE Luis Trabajo. La esperanza de lo difícil se evaporó al instante: Maldito hijo de puta.
Se quedó contemplando la pared del salón entre los huecos de las estanterías del mueble. Después enfocó más hacia atrás y disfrutó de la distribución ordenada, sencilla y fácil de los libros, los DVD’s, los altavoces, y las bebidas. Todo en su sitio correspondiente: Prosa y poesía, español y extranjero, izquierdo y derecho, con alcohol y sin alcohol. 50 %, A o B.
Consciente en ese momento de que el último pétalo de la margarita descansaba dentro de alguna caja en la habitación de invitados, retiró la silla y extrajo la pluma del bolsillo interior de la chaqueta. Abrió el informe y buscó la penúltima página para asestar sin compasión la puñalada.
Tranquilo y seguro en el lado fuerte, cogió el móvil y el mando de encima de la tele, se sentó en el sofá y comenzó a zapear, con el volumen apagado, entre las dos cadenas que se veían en su casa. Marcó el número de Luis Trabajo:
-Luís, he visto tu llamada. Oye, acabo de leer tu informe, muy bueno.
Mientras, a través de una herida llamada Adán, la primavera se desangraba con tinta azul.
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Hace 10 años


