2. “Brown-eyed girl”
El trayecto desde el despacho hasta el ascensor lo vivió como un espíritu transparente y ajeno al ajetreo que le rodeaba. El retorno a la corporalidad llegó al encontrarse frente a las puertas metálicas. Con el dedo de nuevo hecho carne pulsó el botón. Dirigió después su mano al interior del bolsillo derecho, de donde extrajo el móvil. Ya dentro del ascensor, lo encendió haciendo uso de su resucitado dedo y tecleó el PIN. Al llegar al sótano, dos mensajes hicieron vibrar el móvil que aún sujetaba en la mano: 1 LLAMADA PERDIDA DE Luis Trabajo y 1 LLAMADA PERDIDA DE Eva, la única en toda la semana.
Caminó hasta el coche. Al introducir la mano en el picaporte de la puerta del conductor, las intermitencias y el claxon le saludaron. Una vez dentro, depositó el móvil encima del informe sobre el asiento del pasajero y arrancó. Los altavoces empezaron por la mitad el “Brown-eyed girl” de Van Morrison.
Condujo el coche hacia el exterior del parking subterráneo y se introdujo en la peregrinación diaria de vehículos hasta la rotonda de acceso a la autovía. Entre semana, todos los trajeados curritos del parque empresarial se atascaban en la huida hacia casa, afortunadamente su vía de escape le guiaba en sentido contrario al de los demás y una vez superado el escollo de la rotonda, el trayecto hacia la zona residencial donde vivía se encontraba mucho más desahogado.
El lapso de tiempo que permaneció en la retención le sirvió para sacarse de encima la soga en forma de corbata que le oprimía la garganta. Con los ojos cerrados, estiró el cuello hacia atrás hasta notar el contacto de la coronilla con el reposacabezas. Aspiró profundamente. Al soltar el aire, abrió los ojos y vio el hueco que dejó el coche que circulaba delante del suyo, así que jugó con los pedales para avanzar unos metros.
Detenido nuevamente, se inclinó sobre el volante y miró hacia arriba para intentar buscar un rastro de luz entre las nubes y los edificios que gobernaban su perspectiva. La canción de Van Morrison llegó a su fin y con ella el CD. La radio se encargó de elegir un nuevo CD del cargador. La chillona voz femenina que inundó de golpe el interior del habitáculo no le sonaba de nada. En el estribillo de la canción, al desafinado coro se unió el móvil que bailaba su coreografía en el asiento mientras escupía destellos de luz. El mirón recuperó nuevamente su posición, cogió el móvil y permaneció observándolo unos segundos. El nombre de Eva desapareció de la pantalla. Apagó el móvil y lo dejó de nuevo en el asiento. Un nuevo chillido le ordenó apagar la radio. Algún conductor del atasco hizo sonar la bocina de su automóvil. Maniobró una vez más. Un par de parones precedieron el acceso a la rotonda. Después llegó la carretera. Condujo concentrado hasta la puerta de su casa, donde aparcó detrás de un Audi A3 rojo. La vía de escape había llegado a su fin y en el cielo seguía sin asomar el sol.
Hacked By GeNErAL
Hace 10 años


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