De acuerdo, soy un tipo olvidadizo, parcialmente si alguien prefiere verlo así. Cierto es que en algunos aspectos puedo tener recuerdos o conocimientos que pretenciosa y egocéntricamente me atrevo a tildar de enciclopédicos. Pero la concentración que me exige el asimilar o recordar esos datos, esos detalles, me abstrae irremediablemente de otros elementos más cotidianos que cualquier tipo autodenominado normal definiría como algo increíble.Mi repertorio de olvidos es bastante variopinto y estrambótico. Por citar algunos (ahora toca la parte de evocación): me he olvidado la maleta encima de la cama después de hacerla y lo he recordado en mitad de un viaje. Olvidé incluir en el reparto de una obra de teatro a mi propio compañero de habitación en mi época universitaria. He conducido cuatro días, haciendo cerca de 700 km, sentado encima de mi móvil del trabajo, móvil que llevaba todos esos días buscando en balde. He abandonado libros en hoteles y he comprado otros pensando que los había perdido. He regalado involuntariamente una armónica al futuro usuario de mi coche de servicio. Me he olvidado de pagar el alquiler, de felicitar a alguien por su cumpleaños y, por supuesto, he olvidado el nombre de una persona que me acaban de presentar en décimas de segundo.
Últimamente estoy notando esta tendencia hacia el despiste más agudizada y para tratar de resolverlo intento poner en práctica el concepto tan maravilloso que ofrece la canción de hoy: el olvido del olvido. Me agrada la idea de enfocar el olvido como un arma de doble filo: un mecanismo necesario y positivo o un accidente que nos devuelve a las dudas, a los remordimientos y al sufrimiento.
¿Por qué sé que existe esta canción? Pues porque Fernando Trueba decidió un día presentar a Diego el Cigala y Bebo Valdés y posteriormente hizo posible que grabaran un disco que hoy es un clásico de seis años edad.
Sin embargo, la canción nació mucho antes de la mano de, redoble, Lolita de la Colina. Una cantautora mexicana (¡que me aspen, una mujer!) que por lo que Internet me cuenta, ha escrito mucho para mucha gente y que permitió también al mismísimo Raphael cantar esta canción (juro que he intentado encontrar esa versión). Me atrevo a pensar que de haberla descubierto a través de esa versión, esta canción hubiera seguramente engrosado mi repertorio de olvidos.
Afortunadamente el Lágrimas Negras de Bebo & Cigala se adelantó, permitiendo al miserable capaz de olvidar todo y de recordar el detalle más ínfimo, despedirse canturreando, olvidando y desolvidando, para ver si le viene a la cabeza porque andará tan despistado de un tiempo a esta parte.
“…y la verdad no se porqué
se me olvidó que te olvidé
a mí que nada se me olvida.”
Letra de la canción: http://laetus.blogia.com/2007/012501-se-me-olvido-que-te-olvide-124-lolita-de-la-colina-124-cancion-.php

