jueves, 31 de julio de 2008

El traje de Apa

Recién salido de la ducha, con cara de sueño, con su desgarbada figura arropada por un albornoz azul y girando a su ritmo, siempre tranquilo, la cucharilla dentro de la taza de Nueva York, me recibía Javi por las mañanas. Yo le abrazaba por la espalda, le daba un beso en la mejilla aprovechando su falta de reflejos a esa hora y le tranquilizaba diciéndole: “Buenos días cariño, ya llevo yo los niños al colegio hoy” y al final, a pesar de su aprensión por las muestras físicas de cariño, le sacaba una sonrisa.

APA apareció en el mapa en la "Resi", aunque no recuerdo haberle visto abrir el pico hasta meses más tarde. Tras su primer contacto introvertido, marca de la casa, se desveló como un tipo brillante, cordial, leal y honesto. La clase de gente que se cuela como la lluvia fina, aunque nada más fino que su humor, fresco, elegante y afilado como pocos.

“El primo Javi” fue el primero de los primeros en acabar la carrera y Accenture le fichó para hacerle olvidar la ingeniería y dejarle ver mundo intermitentemente: España, Brasil, España, Argentina, España, Puerto Rico, España, Chile… En el último de sus regresos se encontró viviendo en un hornillo y se reencontró conmigo de compañero de piso. Cansado de viajar, se buscó un proyecto cerca de la capital y para ganar el concurso de “Soy el que más tarde sale de trabajar del mundo” a la vuelta del curro se escondía en el cuarto de contadores. Tras varios títulos consecutivos, un día, un billete de avión colmó el vaso y decidió dejar tirados a Canarias y a Accenture. Bueno, yo creo que el golpe estaba más calculado pero mola más contarlo así.

En su nuevo papel de ermitaño, anda ahora espiándonos a lo lejos desde Glasgow, escondido bajo el seudónimo de McApa, renegando del clima y de la comida y echando de menos a Bisbal y esos partidos del Madrid con los que se desahoga de las calamidades de la vida, rompiendo su uniforme tono de voz increpando al cáncer de Raúl o gritando su clásico: “¡Váyase usted a la mierda Robinho!”.

Sé de buena tinta que estos improperios son arrebatos puntuales de genio y expresividad que no anticipan una apertura sin límites. Al interior de Javi sólo puede uno adentrarse cuando y hasta donde él decida, aunque a veces baje la guardia con el insistente sexo contrario. Como alguien me dijo una vez, el secreto para tener acceso a sus secretos es ser chica.

A mí me divierte más que mantenga su secretismo que sirve de coartada para que mi activa imaginación me proponga un hipotético septuagésimo cumpleaños donde, abandonados ya el Ron Negrita y el Tequila, un anciano Javi me contará, en alguno de los idiomas que habla, que se ha comprado un piso en la zona de Ventas y que estaba esperando el momento adecuado para contármelo. Yo me vengaré diciéndole que ya no tendrá que pagar el alquiler del picadero de nadie y que bien le hace falta un piso franco a un francotirador del amor, que tiene mejor puntería cuanto más larga es la distancia y sellaremos la paz tomándonos un Cola Cao, girando la cucharilla a su ritmo, siempre tranquilo.

domingo, 27 de julio de 2008

Los símbolos

Nunca ha dejado de sorprenderme que un tipo como yo, tan escéptico y pragmático para muchas cosas, le conceda tanta importancia a los símbolos. Creo que esta necesidad obedece a una búsqueda de puntos de referencia, ya que sin ellos, este “banduendo” (como diría mi abuela) se sentiría perdido. Bueno, de hecho a ratos se siente así.

Otras personas, por el contrario, opinan que dotar a las cosas de un carácter simbólico es una forma de meterse presión, de cargar con un peso innecesario que nadie nos obliga a llevar. Es posible, pero el enfocar la vida desde un punto de vista tan aséptico no me agrada. Tengo la sensación de que si despojo a lo que me rodea de mi subjetividad sentimental, esos sentimientos se escaparan de mi cuerpo sin encontrar recipiente que los aloje y no podré recuperarlos cuando los necesite. Tal vez, no sean sólo asideros, sino formas de memoria fuera de mi cerebro.

Dotados pues de esta esencia tan particular, por el armario de mis emociones han pasado, una caja con deudas y regalos, una botella, un sacacorchos, una camiseta, un CD y otros objetos representativos ellos de algún reto, de algún recuerdo, de algún secreto o de algún asunto pendiente.

Poseo también otros símbolos incorpóreos: festividades, bodas, más de un cumpleaños…Momentos y fechas ligadas generalmente a la idea de un cambio. A éste grupo se ha unido recientemente el 19 de Julio.

El pasado Sábado 19 de Julio, Marine se casó. Al final, el matrimonio en sí es una anécdota pues no es más que la constatación oficial del fin de un proceso y por ende de una etapa. Sin ánimo de desmerecer a otros/as, a Marine siempre la he visto como la estrella de un sistema solar, en torno a la cual, algunos astros orbitábamos, equilibradas las fuerzas gravitatorias con otros cuerpos del universo. Marine se desplazó meteóricamente dentro del universo y definitivamente instalada en su nueva ubicación, toca volver a alcanzar el punto de equilibrio, ordenando el caos celeste que esta chica ha dejado a su paso. ¿Colapsaran planetas?, ¿Se perderán cometas?,…que sé yo. No se asusten, no anticipo catástrofes, sólo hablo de cambios. Y no debo ser el único astro incrédulo, el fin de semana la frase más repetida en distintos labios fue: “No me puedo creer que Marine se vaya a casar”. En fin, un final, un principio.

Candela Román Capdevila es un símbolo


El pasado Sábado 19 de Julio, nació Candela Román Capdevila. La noticia voló a los móviles de sus pseudos-tíos/as, dispersos por las geografías española y escocesa, y en respuesta, cierta generación de exuniversitarios/as, con más talento en ocasiones para las cartas que para los apuntes, se agitó emocionada. Nadie sabe que ocurrirá con esta chiquilla, aunque sugerencias de proyectos de vida no le faltarán, cómo ya se pudo comprobar en los miles de mails cruzados para proponer un nombre a los padres. A mí me gusta pensar que será mejor que nosotros, más libre de prejuicios, más sabia, más cosmopolita y más independiente; que será ella, gracias y a pesar de sus padres. Y aunque dentro de esta tropa perenne no seré el que más frecuente sus atenciones, estoy seguro de que este mofletudo cacho de carne sabrá explotar mi genética debilidad hacia las morenas. Candela es un símbolo de renovación al que miraré cada vez que necesite rehacerme. Ella es un principio.

P.D.: "Estar banduendo" Según el uso de Doña Leonor, caminar sin rumbo, dando tumbos por la vida y gran parte del tiempo de fiesta.

martes, 22 de julio de 2008

Mi boda de Marine (II)

Mi boda de Marine, tras escribir en el cerebro del capitán el borrador de la próxima reflexión desde la resaca (Los símbolos), se levantó con la feliz noticia que un ya trío de ausentes a la boda que traicioné como un miserable, le comunicó por SMS.

Al desayuno clásico (montado de lomo y botellín) le siguió una ausente visita a Aracena y un feliz retorno a la siesta. Tras el despertar y la ducha, la triste realidad de la percha condujo a mi boda de ida y de vuelta, hasta que una llamada a la madre de la eterna sonrisa y un préstamo del bailarín padre, ayudó a que abandonara mi traje en vías de desarrollo en el armario.

Los polizones de última hora abusaron de la débil condición del sexo débil abordando la Scenic pirata, para acudir al “Oui, quiero” civil más rápido de la historia. La mano amiga que con precisión de cirujano extirpa el veneno que se esconde en las entrañas, ratificó al capitán por el móvil, el “Sí, quiero” que se dieron en Puertollano una simétrica pareja en un asimétrico evento. El capitán acudió después, a la llamada de auxilió de una europea del Este amante del queso, sufridora ese día de la falta de otros medios que evitaran lo fría que puede resultar la noche; y ya que iban, abastecieron de tabaco a los viciosos.

Cuando los padres, hermanos y amigos franceses de la esposa lo permitieron, la abuela del capitán invadió las conversaciones de la mesa a la luz intermitente de unas velas de gel tan glamourosas como vulnerables al viento. Salvado el orgullo patrio por la testigo de la lengua fuera y la recientemente casada; y repartidos regalos y puros, la esposa se bailó un rock con el padrino, se abrazó al marido en este maravilloso mundo y el capitán fue a fumarse un habano mientras miraba al cielo, sintiendo como el sacacorchos-brújula de su bolsillo apuntaba al Norte y como el ancla empezaba a ceder en el Sur.

Mi boda empujó al capitán hacia la barra del bar y dos copas después, a La bamba le siguió el Twist and shout (¿la estaría tocando Bruce en Barcelona?) y la insurrección del último de la fila invadió de nuevo el ambiente. El agua se convirtió entonces en la dieta del capitán, que sintió la necesidad de transmutarse una vez más en el cantante. El cantante pidió el beneplácito y la autorización del marido y subió al escenario a dedicar la Carolina de M-Clan a la a la recién casada y a la recientemente casada. Terminada la canción, el capitán saltó del escenario a la pista de baile, la esposa le recibió en sus brazos y le concedió un primer beso. Después llegaron todos los abrazos menos uno y el reconfortante calor del segundo beso. El beso más sincero y perpendicular, el que se hundió en mi mejilla y a través del cual, la legítima dueña recuperó mi boda, su boda, con los labios. Esa hermosa deuda moral no exigida, esos trescientos kilómetros que una chica hizo sola para escuchar al cantante, se largó en persecución de mi boda tras una mujer de blanco poseída por la locura que en el fondo envidiamos, y el capitán se fue a por la copa que le esperaba para brindar a la salud del cantante.

La música continuaba pero la función para el cantante ya había acabado. La niebla ejerció de telón y mientras en el escenario de la pista, los dispuestos a dar todo hacían bis animados por los aplausos que la luna llena bombeaba en la sien, los que ya no tenían nada que ofrecer (salvo los medios que bien supo emplear otro ser) hicieron mutis por el foro, dejando tras de sí sandalias planas para las sufridoras y miradas hacia delante para los sufridores del baile de fin de curso.

Mi boda de Marine me había abandonado y tan sólo quedaban la huella de una boca diminuta en la mejilla, el recuerdo de la cálida felicidad que duró un instante y un Domingo abarrotado de los minutos que restaban hasta coger el bajel en dirección hacia el Norte, donde Bruce volvería a cantar que la noche pertenece a los amantes.

lunes, 21 de julio de 2008

Mi boda de Marine (I)

En una boda se viven muchas bodas. La mayoría de estas bodas, comienzan antes de la fecha fijada.

Mi boda de Marine comenzó el 10 de Febrero, cuando me llamó para decirme que se casaba. En el tren de vuelta Madrid ese día le dije una mentira y una verdad. La verdad: que estaba loca. Cuando después comunicó por mail que cambiaba la fecha de la boda haciéndola coincidir con una a la que me había comprometido a ir, volví a mentir: “No sé si podré ir”. Marine se burló de mi mentira: “¡Que lástima!, es normal que al cambiar la fecha no pueda ir todo el mundo”. Un tranquilo café cara a cara con la otra bellísima novia sirvió para romper mi compromiso: “No puedo ir a tu boda, tengo una deuda moral con una chica que una vez hizo algo hermoso por mí”. Verdad a medias, la curiosidad de una boda de contrastes llenaba mi cuerpo de picores.

Mi boda de Marine continuó en otra boda y en otra boda y en un traje claro y en otro traje oscuro. También estuvo en una petición: “¿Cantarás en mi boda?”. “No sé que cantar”. La canción perfecta se me ocurrió demasiado tarde.

Mi boda de Marine se encontraba escondida en muchos de mis compromisos y en mis planes futuros, que se ajustaban y adaptaban al objetivo de esa fecha. Vacaciones, citas, festivales,…

Mi boda de Marine entrenó cinco meses y siete días y recibió el pistoletazo de salida el Viernes 18 de Julio a las 13:30h y, como los dibujos animados, de tan rápido que salió se dejó atrás los pantalones. Viajó viento en popa, dentro de la Scenic pirata acompañada por un capitán sin rumbo fijo, un desenfadado timonel, una bella grumete y una polizón sobrada de actitud. Se quedó sin ver “Scholl of Rock”, escuchó treinta veces el término “secarral”, se pasó la CAMPSA, tomó un desvío innecesario y entró en Fuenteheridos con los Gipsy Kings a todo trapo.

Mi boda de Marine sufrió la segregación sexual impuesta por la nueva miembro/a (según la ministra) del Opus, segregación escrupulosamente respetada a lo largo del fin de semana ahora que lo pienso; y paseó la maleta de un piso a otro para terminar compartiendo suspiros y relatos en sueños con el amante de los fados.

En la cena del Viernes, mi boda se retó a muerte, a ego y a humor con un ser, por los inalcanzables favores de una polizón. El mismo ser que, por falta de medios, permaneció toda la noche en la barra del bar de la mano de Mr. Hyde. Barra del bar que mi boda visitó mientras Manolo García ponía el hilo musical para que en la pista los ojos buscaran ojos en los vertederos de amor, del mismo modo que una mujer busca ansiosamente algo en el bolso. El timonel demostró después tener tanto talento con el volante como con la ruleta circular del iPod y permitió que alguna criolla (al 10% a lo sumo), escapara de melodías de Parchís. Fue ahí o no, cuando comenzó otro duelo, la foto en postura inverosímil, a la que la vikinga del 43 se prestó encantada. Antes de que la “rrrrubia” agotara el agua de los floreros y convirtiera la barra en otro secarral, mi boda se fue a acostar con el capitán, la del Opus, el de los fados y con la que se mostraría al día siguiente como una fanática de las frambuesas y de las cazadoras de pana, muy optimista ella: “Que sí, que sí, que cuando vayamos a desayunar ya te llamamos si eso…”

domingo, 13 de julio de 2008

El traje de Marine

“¡Mal!, estás sobreactuando”, Virgine Marie, la rígida directora, mellizo reflejo de la actriz principal, recriminó severamente a Marine Costamagna, que respondió malhumorada: “No sobreactúo, siento mi papel, me entrego a él”. La bronca fue inútil, y Marine se mantuvo firme en su interpretación. Finalmente la actuación gustó más o menos, pero la obra acabó siendo un éxito y el público aplaudió entregado. Era inevitable, la chica tiene tirón.

Desconozco si el secreto de este magnetismo son sus aires de diva glamourosa, su “politesse française”, su exotismo armenio, su profunda mirada o la enorme sonrisa que esconde en su diminuta boca, pero su lista de fans es casi tan larga como la fila de pintorescos personajes que anhelan registrarse en su galería de gente “integresante”. No es de extrañar, con la inscripción antes regalaban una invitación para una fiesta en Lope de Rueda 38, planazo garantizado.

En la cola, mezclados con los allegados de la época Erasmus y los miembros de su colección de causas perdidas, entre otros, podrás encontrar a toda la plantilla de Servicios Técnicos de Renault y su red de talleres, con los que trabajó en otra época y a los que sedujo, a unos por su simpatía y entusiasmo y a otros por sus medias de rejilla. Un servidor se reserva el motivo.

Por aquel entonces, no tardó Marine en darse cuenta de que un sólo rombo se quedaba corto para una chica tan atrevida, así que sin dudarlo y con lágrimas en los ojos, cogió el único tren que la llevaba a Knorr. Aprovechando el impulso se corrió una maratón y habría seguido lanzada si no le hubiera puesto freno un galán de película que la invitó a fugarse a su nidito de amor forrado de cajas de zapatos con foto.

Antonio no necesitó de versos ni estratagemas de Cyrano para ofrecerle un anillo, confeccionando así el final de esta primera parte, en el que Marine desfilará hasta el altar (o lo que quiera que haya en una boda civil) delante de sus invitados, entre los que tengo el honor de incluirme, para darle el “Oui” a su “Mon Amour”.

¿De la segunda parte? Los protas ya han firmado un piso nuevo y cuatro hijos, sujeto a los cambios que la estrella principal quiera incluir en el guión, claro. Me gustaría que al menos se esperara a la tercera parte para darle a la cirugía, el perfil de Cleopatra siempre viene bien para la foto finish de toda competición, aunque sea entre ella misma y su mellizo reflejo.

Bissous.

miércoles, 2 de julio de 2008

Nacidos para morir

El incorpóreo gabinete marcial se reunió para definir la estrategia a seguir tras finalizar la tregua convenida por los cuatro mandatarios.

Pedro Sartén, idealista retirado, con la coleta del romanticismo retocada y con los dedos marcados por las cicatrices que dejan los sueños que se escapan de las manos, se basaba en su veteranía para argumentar porque optaba por la contemplación, por observar desde la distancia y ver como se desarrollaban los acontecimientos: “No debemos confiarnos, desconocemos que se esconde en el jardín enemigo, nada nos garantiza una victoria. Lo sé por experiencia”.

Primigenio García, optimista libre y vitalista, inmune al dolor y a la culpa, el tipo que mil veces se cayó y se levantó otras mil veces para dirigirse contra la piedra siguiente, prefería el ataque directo:” Estamos preparados, los signos son claramente positivos. Es ahora o nunca, la gloria sólo la conquistan los valientes”.

El Conde Crápula, atrevido, fiestero y vividor, siempre dispuesto a las batallas de la noche, al que se le había concedido el gobierno durante el periodo de tregua y que andaba por lo tanto de resaca, se mantenía fiel a su estilo kamikaze: “Pues claro que sí, habrá que lanzarse de cabeza a la muerte y si hace falta, atacamos un jardín y luego otro y otro más,...si hay que morir que sea matando”.

El Jardinero Infiel, niño desastre del enredo bautizado en las aguas del excepticismo, funambulista en las fronteras de la honestidad y el deseo, selecto sumiller del perfume que emana cada jardín y con más talento para la buena paz negociada que para la mala guerra, se mostraba dubitativo y cabizbajo:”Ganemos o perdamos, esta batalla podría causar muchas bajas".

Al no haber unanimidad se decidió por votación. El Jardinero tropezó en el alambre y se precipitó hacia el lado de los temerarios. Pedro Sartén se quedó solo en el de los sensatos y fiel a la disciplina del ejército, preparó sus armas y se unió a sus compañeros, no sin antes recriminarles con cariño: “Anda panda de gilipollas, si decidís volver a guerrear poneos por lo menos el casco”.

A continuación la voz de la azafata a través de la megafonía funcionó de toque de carga. La vigilia y el avión tomaron tierra al mismo tiempo y el corpóreo ejército encendió el móvil recibiendo el saludo de bienvenida de Movistar.