martes, 22 de julio de 2008

Mi boda de Marine (II)

Mi boda de Marine, tras escribir en el cerebro del capitán el borrador de la próxima reflexión desde la resaca (Los símbolos), se levantó con la feliz noticia que un ya trío de ausentes a la boda que traicioné como un miserable, le comunicó por SMS.

Al desayuno clásico (montado de lomo y botellín) le siguió una ausente visita a Aracena y un feliz retorno a la siesta. Tras el despertar y la ducha, la triste realidad de la percha condujo a mi boda de ida y de vuelta, hasta que una llamada a la madre de la eterna sonrisa y un préstamo del bailarín padre, ayudó a que abandonara mi traje en vías de desarrollo en el armario.

Los polizones de última hora abusaron de la débil condición del sexo débil abordando la Scenic pirata, para acudir al “Oui, quiero” civil más rápido de la historia. La mano amiga que con precisión de cirujano extirpa el veneno que se esconde en las entrañas, ratificó al capitán por el móvil, el “Sí, quiero” que se dieron en Puertollano una simétrica pareja en un asimétrico evento. El capitán acudió después, a la llamada de auxilió de una europea del Este amante del queso, sufridora ese día de la falta de otros medios que evitaran lo fría que puede resultar la noche; y ya que iban, abastecieron de tabaco a los viciosos.

Cuando los padres, hermanos y amigos franceses de la esposa lo permitieron, la abuela del capitán invadió las conversaciones de la mesa a la luz intermitente de unas velas de gel tan glamourosas como vulnerables al viento. Salvado el orgullo patrio por la testigo de la lengua fuera y la recientemente casada; y repartidos regalos y puros, la esposa se bailó un rock con el padrino, se abrazó al marido en este maravilloso mundo y el capitán fue a fumarse un habano mientras miraba al cielo, sintiendo como el sacacorchos-brújula de su bolsillo apuntaba al Norte y como el ancla empezaba a ceder en el Sur.

Mi boda empujó al capitán hacia la barra del bar y dos copas después, a La bamba le siguió el Twist and shout (¿la estaría tocando Bruce en Barcelona?) y la insurrección del último de la fila invadió de nuevo el ambiente. El agua se convirtió entonces en la dieta del capitán, que sintió la necesidad de transmutarse una vez más en el cantante. El cantante pidió el beneplácito y la autorización del marido y subió al escenario a dedicar la Carolina de M-Clan a la a la recién casada y a la recientemente casada. Terminada la canción, el capitán saltó del escenario a la pista de baile, la esposa le recibió en sus brazos y le concedió un primer beso. Después llegaron todos los abrazos menos uno y el reconfortante calor del segundo beso. El beso más sincero y perpendicular, el que se hundió en mi mejilla y a través del cual, la legítima dueña recuperó mi boda, su boda, con los labios. Esa hermosa deuda moral no exigida, esos trescientos kilómetros que una chica hizo sola para escuchar al cantante, se largó en persecución de mi boda tras una mujer de blanco poseída por la locura que en el fondo envidiamos, y el capitán se fue a por la copa que le esperaba para brindar a la salud del cantante.

La música continuaba pero la función para el cantante ya había acabado. La niebla ejerció de telón y mientras en el escenario de la pista, los dispuestos a dar todo hacían bis animados por los aplausos que la luna llena bombeaba en la sien, los que ya no tenían nada que ofrecer (salvo los medios que bien supo emplear otro ser) hicieron mutis por el foro, dejando tras de sí sandalias planas para las sufridoras y miradas hacia delante para los sufridores del baile de fin de curso.

Mi boda de Marine me había abandonado y tan sólo quedaban la huella de una boca diminuta en la mejilla, el recuerdo de la cálida felicidad que duró un instante y un Domingo abarrotado de los minutos que restaban hasta coger el bajel en dirección hacia el Norte, donde Bruce volvería a cantar que la noche pertenece a los amantes.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Parece que el gps condujo al capitán (y sus piratas?)a un pedazo tesoro: menuda boda! Afortunados, que no sucumbieron a los embaucadores cantos de sirenas...

Anónimo dijo...

Doy fé de la estelar actuación de un tercio de los Bluefreins en Fuenteheridos. Lo que no entiendo es lo de la lengua fuera...ya me explicarás.