martes, 22 de abril de 2008

Sucedió en Graná

“Porque el amor es un sentimiento…”, creí que el cura se iba arrancar por El Barrio, pero simplemente formaba parte de su disertación, no daba lugar por lo tanto a ponerse a palmear y menos aún cuando corría el riesgo de interrumpir la clase de filología que venía a continuación acerca del origen de la palabra erótico; eso sí no se mencionó si en la hoja parroquial había sección de “Contactos”. Tocó después el concepto de las arras, que por lo visto era el precio a pagar para comprar antiguamente a la esposa (disculpen mi ignorancia en este campo), pero para aclarar que todo eso eran cosas del pasado, se esforzó en explicar que “…con dinero se puede comprar alegría pero no felicidad, una mujer pero no una esposa, tranquilizantes pero no la paz…para todo lo demás Mastercard”. Luego todo salió como marca el guión, cosa que no era de extrañar dado el currículum que atesoraba este señor que afirmaba llevar acertando con sus parejas por lo menos quince años, se notaba que era un párroco bueno, pata negra o algo así. El caso es que mérito suyo o no, la cosa tiró para alante: se dijeron el “Sí, quiero”, la novia estaba guapísima (50 % genética 50% el vestido manga muy francesa cortesía de Jeff), llovieron pétalos y no agua para calar a los novios en su descenso de la escalinata de la iglesia y en lugar de un coro de ángeles para celebrar su unión pues tocó un grupillo de tunos, que también tiene su puntito. Aún en los alrededores de la iglesia tocaron las primeras fotos y los elogios bien y malintencionados: por lo visto alguien le quitó cuarenta años a una señora, “favor se los devuelvan” que casi la obligan a hacer la confirmación que tocaba después en la misma iglesia.

Después autobús y al convite. Cocktail previo, más fotos y la oportunidad de demostrar que soy un hombre de palabra: traje claro y camisa negra de árbitro, perfecto uniforme para la mesa de competición en la cena: Amigos solteros de Álvaro-Amigas solteras de Carolina. En general el partido aburrido a pesar de los intentos del fichaje Croata, un hombre llamado peligro: ”¿Y por Dubrovnik hace bueno en esta época del año?””Pués no lo sé pero tengo aquí una foto tomando el sol de puta madre”. ¿El menú? No se que de foie, pescado, carne y postre para las chicas y arroz “pegao” para los chicos. Finalizado el encuentro y consolado por el mal de muchos, me dirigí a la barra en busca de las copas, tropezando de paso con Cuqui, gacela coja y algo despistadilla. Por lo que pude ver de camino había fiesta de Ralph Lauren y Giorgi Line pero a mí no me dieron nada con la consumición, sería por ser de fuera porque a los Erasmus tampoco los vi uniformados.

Me dirigí con la copa en la mano y sin fijación de confianza, a ver como la novia y el padrino abrían el baile, al que se animaron posteriormente ágiles y torpes (me incluiré en los últimos). Me fumé el puro en un momento místico con Jesús (de Badajoz, novio de Alejandra no el jefe del de “Más de quince años casando gente: éxito garantizado”), hubo más copas, felicitaciones a los padrinos y unificación de corros de baile, hasta que sonó la Carolina de M-Clan y la de verdad se puso a ejercer de locomotora y de líder a seguir (follow the leader…). Cerró finalmente el telón la actuación de la Coral de la Escuela de Ingenieros de Sevilla. Vale, tal vez no fuera ese orden, a esas horas la percepción del tiempo se descoloca, el caso es que hubo que irse a la discoteca. La lluvia y la cuesta hicieron temblar los tacones y por ende las rodillas de más de una sufridora que prefirió coger un taxi. Ya en la discoteca, copas, conversaciones de todos los colores y selección natural, incluidos los novios.

Los hermanos de la novia ejercieron a lo grande animando el patio y demostrando después que los Sres. de García-Olmedo Garrido tuvieron por descendencia dos huevos y una castaña “mú” organizaditos y apañados, ya que Ramón Jr. y Belén repartieron a las primas e invitados en los taxis que habían pedido por teléfono, entiéndase por separado. A mí me tocó de compañero de viaje al hotel un invitado del novio (¿eso no se pregunta al principio?). Atrás y sin Conchi quedó Amador, para mí el candidato a MVP de la boda junto a Ramón Jr., espero volver a saber de él.

Ya en el hotel me despedí de mi compañero de viaje en el ascensor y caminé derrotado hacia la habitación, canturreando lo que el cura había empezado “…porque mi amor es como un hilo que arregla y cose los descosíos…”. Abrí la puerta y mi “acompañante” me recibió con dulces suspiros: “¿A que hora hay que dejar mañana la habitación?” pregunté. ”A las doce” contestó.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Doy fe de que sucedió así, ¡yo estuve allí! Es una crónica más que acertada, aunque yo me habría extendido un poco más con Dubrovnik. Daba bastante carnaza, aunque no llegase ni a ternera de tercera...
Héctor, nunca entenderé como hay tanto talento desperdiciado en una ingeniería.