Cuentan que en una época pasada, tal vez en una vida anterior, algún bicho contagió a Leticia con el virus de la música. Este virus se ensañó de una forma especialmente cruel con nuestra amiga, pues si bien la dotó de un variado gusto musical, de un privilegiado talento para descargarse archivos MP3 y de unos resistentes oídos para escuchar el iPod a todo volumen, la volvió incapaz de entonar adecuadamente todas esas canciones que la seducían.
Leticia comenzó entonces la búsqueda de algún remedio que dotara su voz de un tono angelical y con ese objetivo vagó sin rumbo por la vida hasta que un hechicero le enseñó una fórmula a base de Johnny Walker con Coca-cola y aunque la pócima no mejoraba sus aptitudes cantarinas, en función de la dosis conseguía hacerle olvidar sus carencias, pudiendo así gritar sin reparos las letras de las canciones.
Tiempo después coincidí con Leticia en una filosófica cena de la que quizá algún día hablemos en detalle, el caso es que en verdad conocer, lo que se dice conocer a la LaLeti, me atrevo a decir que fue en otra noche, una de esas en la que había recurrido reiteradamente a la pócima del hechicero. El uso de la pócima no le había hecho tan sólo perder el pudor a cantar, sino que le confirió un carácter más dulce de lo que acostumbra e incluso se atrevió a practicar algún malabarismo de los que mi condición de caballero me impide hablar (no piensen mal queridos lectores).
Pude entonces comprobar su afición a la polémica y su capacidad para el chantaje sentimental (¡jo, cuanto hace que no como níscalos!) de los que algunos desventurados han sido víctimas. Y quedé tan prendado de su gracia, su estilismo y de sus armas de mujer, que invité a LaLeti a que nos hiciera una demostración de su talento malabar-calamar con una botella de Coca-Cola el día de mi cumpleaños.
Desde aquel día Leticia es conocida por el original y terrorífico sobrenombre de “La de la Coca-Cola” y pasea su ágil esqueleto de concierto en concierto; a ser posible de grupos que compongan canciones con tres acordes o menos y que contengan guitarreos repetitivos y estridentes, exorcizando sus fantasmas a base de saltos, gritos y agitaciones convulsivas de la cabeza.
Curiosamente a alguno de esos conciertos me sugiere ir. ¿Pretenderá contagiarme con el virus de la música?
Leticia comenzó entonces la búsqueda de algún remedio que dotara su voz de un tono angelical y con ese objetivo vagó sin rumbo por la vida hasta que un hechicero le enseñó una fórmula a base de Johnny Walker con Coca-cola y aunque la pócima no mejoraba sus aptitudes cantarinas, en función de la dosis conseguía hacerle olvidar sus carencias, pudiendo así gritar sin reparos las letras de las canciones.
Tiempo después coincidí con Leticia en una filosófica cena de la que quizá algún día hablemos en detalle, el caso es que en verdad conocer, lo que se dice conocer a la LaLeti, me atrevo a decir que fue en otra noche, una de esas en la que había recurrido reiteradamente a la pócima del hechicero. El uso de la pócima no le había hecho tan sólo perder el pudor a cantar, sino que le confirió un carácter más dulce de lo que acostumbra e incluso se atrevió a practicar algún malabarismo de los que mi condición de caballero me impide hablar (no piensen mal queridos lectores).
Pude entonces comprobar su afición a la polémica y su capacidad para el chantaje sentimental (¡jo, cuanto hace que no como níscalos!) de los que algunos desventurados han sido víctimas. Y quedé tan prendado de su gracia, su estilismo y de sus armas de mujer, que invité a LaLeti a que nos hiciera una demostración de su talento malabar-calamar con una botella de Coca-Cola el día de mi cumpleaños.
Desde aquel día Leticia es conocida por el original y terrorífico sobrenombre de “La de la Coca-Cola” y pasea su ágil esqueleto de concierto en concierto; a ser posible de grupos que compongan canciones con tres acordes o menos y que contengan guitarreos repetitivos y estridentes, exorcizando sus fantasmas a base de saltos, gritos y agitaciones convulsivas de la cabeza.
Curiosamente a alguno de esos conciertos me sugiere ir. ¿Pretenderá contagiarme con el virus de la música?


1 comentario:
¿ " LA DE LA COCA-COLA " SE LLAMA LETICIA ?
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