miércoles, 2 de abril de 2008

Fuga de cerebro

Hace algo más de un mes sufrí un “ligero” accidente laboral que acabó con el resultado de cinco grapas adornando mi cráneo. Superado el dolor inicial y el proceso de atención sanitaria, ciertas dudas asaltaron mi maltrecha cabecita: ¿Habré perdido parte de mi inteligencia? ¿Y si algunas de mis ideas más brillantes, escaparon con la sangre que manó tras el golpe? ¿Volverían a brotar esas ideas en mi cerebro o se perderían para siempre? Pero lo que más desconcertado me dejó era la posibilidad de que ese proceso continuara con mi herida trabajando a modo de proyector holográfico, dibujando las ideas sobre mi cabeza.

Asustado pues de tener un detector de mentiras en tres dimensiones que desvelara mis verdaderos pensamientos, me puse frente al espejo de la habitación del hotel. En un primer momento me preocupé por el escozor que comencé a notar. Ciertamente un pensamiento picante ocupaba mi mente y lo interpreté como un posible síntoma: las representaciones de las ideas podían llevar asociados una repercusión física conceptual. Afortunadamente ninguna mujer ataviada con ropa interior negra aparecía reflejada en el espejo. Hice una segunda prueba: ni pajaritos, ni bombilla. Así que respiré aliviado y más tranquilo me metí en la cama. Finalmente conseguí conciliar el sueño, teniendo claro que al día siguiente no sería necesario ir a trabajar con gorra.

1 comentario:

Anónimo dijo...

POR SUPUESTO QUE LOS PENSAMIENTOS TIENEN REFLEJO FÍSICO: NO OLVIDEMOS ALGUNAS ERECCIONES, APARTE DE LOS INCONTROLABLES MOLINILLOS MAÑANEROS Y LOS TENDERETES SIESTEROS.