miércoles, 2 de julio de 2008

Nacidos para morir

El incorpóreo gabinete marcial se reunió para definir la estrategia a seguir tras finalizar la tregua convenida por los cuatro mandatarios.

Pedro Sartén, idealista retirado, con la coleta del romanticismo retocada y con los dedos marcados por las cicatrices que dejan los sueños que se escapan de las manos, se basaba en su veteranía para argumentar porque optaba por la contemplación, por observar desde la distancia y ver como se desarrollaban los acontecimientos: “No debemos confiarnos, desconocemos que se esconde en el jardín enemigo, nada nos garantiza una victoria. Lo sé por experiencia”.

Primigenio García, optimista libre y vitalista, inmune al dolor y a la culpa, el tipo que mil veces se cayó y se levantó otras mil veces para dirigirse contra la piedra siguiente, prefería el ataque directo:” Estamos preparados, los signos son claramente positivos. Es ahora o nunca, la gloria sólo la conquistan los valientes”.

El Conde Crápula, atrevido, fiestero y vividor, siempre dispuesto a las batallas de la noche, al que se le había concedido el gobierno durante el periodo de tregua y que andaba por lo tanto de resaca, se mantenía fiel a su estilo kamikaze: “Pues claro que sí, habrá que lanzarse de cabeza a la muerte y si hace falta, atacamos un jardín y luego otro y otro más,...si hay que morir que sea matando”.

El Jardinero Infiel, niño desastre del enredo bautizado en las aguas del excepticismo, funambulista en las fronteras de la honestidad y el deseo, selecto sumiller del perfume que emana cada jardín y con más talento para la buena paz negociada que para la mala guerra, se mostraba dubitativo y cabizbajo:”Ganemos o perdamos, esta batalla podría causar muchas bajas".

Al no haber unanimidad se decidió por votación. El Jardinero tropezó en el alambre y se precipitó hacia el lado de los temerarios. Pedro Sartén se quedó solo en el de los sensatos y fiel a la disciplina del ejército, preparó sus armas y se unió a sus compañeros, no sin antes recriminarles con cariño: “Anda panda de gilipollas, si decidís volver a guerrear poneos por lo menos el casco”.

A continuación la voz de la azafata a través de la megafonía funcionó de toque de carga. La vigilia y el avión tomaron tierra al mismo tiempo y el corpóreo ejército encendió el móvil recibiendo el saludo de bienvenida de Movistar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo no sé qué pais pretenderá conquistar este cuarteto yendo con el reloj adelantado tres horas...

Unknown dijo...

hubiera quedado mejor la actualización el 4 de julio. jaajja. abrazossss

Unknown dijo...

Por algo soy yo pacifista. Las guerras no dejan buen sabor de boca a nadie. Ni a los supuestos vencedores, ni a los vencidos.

Todos salen perdiendo. Alguno se corta la coleta, otros se quedan sin casco, y los jardines pierden las flores. Qué imagen tan desoladora.

Supongo que es lo que tienen las historias de perdedores.